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Residencial y a cielo abierto

El barrio Villa Udaondo, en el partido de Ituzaingó, ofrece un entorno verde y lotes amplios

Villa Udaondo

Si hay una zona privilegiada en el Gran Buenos Aires en cuanto a placidez y belleza paisajística, ésa es Parque Leloir, y por ende su vecina Villa Udaondo. Un gran silencio quebrado apenas por el movimiento del follaje, el canto de los pájaros y un cielo deliberadamente abierto, recortado por verdes intensos.
Villa Udaondo, si bien conserva la misma fisonomía urbana del parque residencial -paisaje agreste, añeja arboleda, calles angostas-, se caracteriza por tener una cuadrícula urbana de estilo española, netamente recta. No posee las curvas y contracurvas que se caracterizan a Leloir. "La posibilidad de subdividir en lotes de hasta 350 metros cuadrados, genera un nicho de mercado que puede conseguir lotes en la zona a menores valores", explica Guillerma González, de Santiago González y Asociados. La zonificación es residencial, a diferencia de Leloir que es Residencial Parque.

Ubicación Relativa

Su rápido acceso a la Capital Federal, a través de la Autopista del Oeste, revalorizó el mercado inmobiliario de los últimos años. A Villa Udaondo se accede desde el puente Barcala, uno antes del peaje troncal Ituzaingó, en el kilómetro 25. Allí surge la calle que lleva el mismo nombre del barrio, una de las pocas asfaltadas.

Mercado complementario

Según los operadores, el mercado inmobiliario de Villa Udaondo, se complementa con el de Parque Leloir. "Quizá las expectativas de precios o ubicación no se dan en el Parque, pero sí en Udaondo", explica Juan Carlos Martínez, de Graciela Quintás Propiedades.
"Además, -puntualiza Roberto J. Tavella, de la inmobiliaria homónima- se ha dado una suerte de moda ecológica, que ha prendido especialmente en la juventud, que impulsa fuertemente en la preferencia y la valorización de las tierras de la zona."
"A mucha gente le puede resultar molesto las calles de tierra, pero para los residentes es un seguro de tranquilidad y de paisaje distinto, aún cuando está cerca de todos lados", apuntó Pablo Giménez Contard, de Santiago González y Asociados.

La añosa forestación conserva el clima bucólico, típico de las quintas de fin de semana

El auge de la zona se terminó de definir hacia 1998, cuando se inauguró la autopista y la fisonomía de lugar de turismo de fin de semana rápidamente se transformó en una zona de vivienda permanente.
Villa Udaondo, además de lindar con Parque Leloir, también lo hace con el predio del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), lo que significa que su entorno es totalmente verde. "Aún hoy, y principalmente por lo que ofrece el INTA, Villa Udaondo es una zona de atracción del miniturismo, donde se puede cabalgar o hacer caminatas", explica Alicia Kerk de Leloir Inmuebles.
"Los lotes, que pueden ser de 350 metros, tienen en general dimensiones mucho más amplias -entre 600 a 1000 metros-, mientras que la arquitectura fue cambiando en los últimos años: de los típicos chalets de las quintas al estilo de casa tipo country, con paredes de colores pasteles y techos de chapa", ilustra Martínez.
"Todavía quedan fracciones de hasta 5000 metros, incluso con cascos históricos de las viejas quintas", apunta Kerk.

Ubicación relativa

Las cotizaciones no escapan del contexto general. "Hemos hecho operaciones que definimos como verdaderas oportunidades, por la necesidad de los propietarios por vender, así como pedimos operaciones donde los vendedores no se terminaron de convencer de los nuevos valores de su propiedad", agrega Contard.
Los lotes, en promedio, rondan entre 20 y 25 dólares el metro cuadrado. Las casas, por su parte, se comercializan desde los 1100 pesos el metro cuadrado cubierto. "Las casas nuevas, en promedio, son de construcción tradicional, con dimensiones que van desde los 150 a los 250 metros cuadrados; los lotes, en tanto, siempre cuentan con una invaluable arboleda, difícil de reproducir por la cantidad de años que ostenta", comenta Giménez Contard.

Accesos al sector

Los operadores coinciden que en el Gran Buenos Aires, exceptuando el parque Pereyra Iraola, no queda un reservorio ecológico tan grande y tan cerca de la Capital, donde la densidad de población sigue siendo baja y el cuidado por las especies plantadas hace más de un siglo se ha convertido en la obsesión de los residentes.

Sebastián Stupenengo, 30 de julio de 2002

Publicado en La Nación

 

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