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En el Sur, un rincón centenario

Es un barrio elegante que crece sin perder su esencia, donde conviven grandes residencias con unidades de buen nivel
 
Los cafés aportan su cuota de color en el sector residencial

Impregnadas por el aroma de los centenarios eucaliptos -comprados en Australia por Domingo Faustino Sarmiento-, las calles de Adrogué tienen algo especial: parecen haber encontrado el equilibrio perfecto entre lo moderno y lo tradicional.
Allí, a unos pocos kilómetros de Buenos Aires se levanta un nuevo horizonte habitacional para cientos de personas que parecen escaparle, al menos por unos momentos, a la vorágine de la gran ciudad. "En la actualidad, mucha gente que trabaja en el Centro y hasta tiene su vida social allí elige para descansar Adrogué. Y creo que en eso no se equivocan...", comenta Otto Lázaro Mukden, rotario de alma y titular de Otto Mukden Negocios Inmobiliarios, con más de cuarenta años en la zona.
Hasta 1870 no eran muchas las familias que durante el verano abandonaban sus hogares, pero las epidemias de cólera y fiebre amarilla que azotaron a Buenos Aires entre 1867 y 1871 cambiaron drásticamente esa realidad. Impulsado por aquella coyuntura y favorecido por la instalación del Ferrocarril del Sud (que realizó su primer viaje a Adrogué el 29 de septiembre de 1872), que facilitaba el acceso a la zona, Esteban de Adrogué concibió la idea de crear un pueblo, el primero en nuestro país delineado sobre la base de la perspectiva y las diagonales, las cuales convergían en plazas circulares, algo que tres décadas después se implementaría en la ciudad de La Plata.
Hoy, ese pueblo que comenzó como un sueño, con apenas un manojo de casas, sigue creciendo. "En los últimos tiempos se registró un gran desarrollo inmobiliario en el entorno de la estación, pero este crecimiento -que no lleva más de cinco años- no atentó contra la estética del lugar. Los códigos de construcción que impiden que se realicen edificios mayores de cinco pisos favorecen el desarrollo armónico de la zona", comenta Otto Mukden.
José María Darquier, de Darquier Propiedades, describe el mercado. "Una propiedad de 340 m2 cubiertos y 1000 m2 de parque que en 1988 valía 67.000 dólares, previo a diciembre de 2001, llegó a cotizarse en 200.000 para luego caer a los valores actuales: 120.000.


Recuperación
  
Por su parte, Eduardo Ezcurra, de Giorgis y Cía, asegura que las propiedades en la zona se recuperaron tras la peor etapa de la crisis. "Hoy, en relación con aquel período, están en un 70% de su valor. En los próximos tiempos, tal vez, logren aumentar un poco más, pero no creo que lleguen a equipararse con los precios previos a la devaluación."
Otto Mukden sostiene que la posibilidad de adquirir una propiedad se encuentra en un segundo plano y dice que los pedidos de alquileres se encuentran a la orden del día.
"Aunque resulte extraño son mucho más solicitadas las propiedades en alquiler que las que se encuentran a la venta. Esto tiene relación directa con los problemas que existen con el otorgamiento de los préstamos. Además, no todos están en condiciones de pagar la cuota del crédito. En la zona, el precio de una unidad nueva de un dormitorio para alquilar oscila en los 450 pesos y los que se conocen como de lujo alcanzan los 800. A ambos hay que sumarle las expensas."
La mayoría de los compradores busca propiedades que no superen los 90.000 pesos.
"Hoy, las operaciones más frecuentes son de venta. Actualmente, la gente parece estar más conservadora. El m2 de un departamento nuevo está entre 950 y 1000 dólares, aunque lo que más se pide es el de un dormitorio. La gente prefiere las unidades por estrenar", concluye Ezcurra.


Inspiración borgeana
  
Adrogué parece tener el inconfundible sello de Jorge Luis Borges, no sólo porque uno de sus libros de poemas lleva su nombre, Adrogué (publicado en 1977), sino porque el gran escritor fue un enamorado de esta ciudad.
No sólo pasó muchos de los veranos de su infancia en una casa frente a la plaza Almirante Brown, sino que también dejó aquí grandes amigos.
"Aún lo recuerdo muy bien; nosotros le compramos esta casa donde vivió durante muchos años la madre de Borges. El creó un fuerte vínculo con mi padre y durante mucho tiempo -casi doce años- venía a vernos regularmente.
"Tengo recuerdos suyos en esta casa, de sus visitas y de las largas charlas que mantenían aquí."
Agrega que de la casa donde el escritor pasó tanto tiempo de chico casi nada ha sido cambiado. "Apenas una reja y el garaje le fueron sumados a la estructura original", comenta Angélica, de 53 años, que no sólo es una enamorada del lugar, sino también de la historia familiar que la vincula con el escritor argentino.
Al igual que Borges, sostiene que ella se siente parte de la ciudad de Adrogué.
Pero la historia de Borges con el lugar va más allá de esa casa; Angélica asegura que allí, en el hotel Las Delicias (hoy desaparecido), el mismo que albergó a la aristocracia argentina durante muchos años, el autor de El Aleph escribió más de un cuento.

Leandro Murciego, 30 de abril de 2005
Publicado en La Nación

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