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Mansiones con Fantasmas propios

El mercado de las casas embrujadas: hay compradores que no les temen.

Historiadores y operadores inmobiliarios dicen que los espectros no existen, pero que los hay, los hay.

-Hola.

-¿Sí?

-Le hablo de parte de (da el nombre de un agente inmobiliario). Me dijo que usted está escribiendo sobre casas embrujadas, con fantasmas. Bueno, yo tengo problemas...

-¿Qué tipo de problemas?

-Y, mire, tenemos un altillo... Usted va a pensar que estoy loca, pero algunas noches se escucha bien clarito cuando corren muebles y hay tintineos, como campanitas...

-¿Y qué tienen en el altillo?

-Nada. Lo limpiamos cuando nos mudamos, tiramos lo que había y no queda nada. Ahora pusimos la casa en venta. Le juro que los ruidos son insoportables, no doy más.

Llamaremos María a quien se comunicó con La Nación para contar con angustia su problema. Según dijo, tiene tres hijos chicos, ella y su marido son profesionales y con mucho esfuerzo compraron hace cinco meses una casa en Barrio Norte que parece "encantada". Ahora la tiene que vender.

La Nación sabe la ubicación de esa casa, una bellísima mansión aparentemente inofensiva. Pero prometió no revelarlo porque ellos tienen miedo de no poder venderla y porque se supone que la gente seria no cree en esas pavadas.

Porque, ¿existen los fantasmas? ¿De verdad hay casas embrujadas en esta misteriosa Buenos Aires? De lo que sí tenemos algunas certezas es de que los fantasmas, al menos en otros países, venden mejor.

Bajo el título de Haunted houses, The Sunday Times, de Londres, vende casas encantadas. Hay fotos, incluso, de las "mejores", donde los fantasmas fuman habanos o aparecen espíritus famosos, como la que perteneció a Joseph
Conrad, donde el ama de llaves muerta hace 250 años se empeña en aparecer, aunque es muy amable, según dicen.

Así como en Inglaterra

Entonces, si hay en Londres, ¿por qué no las habría en Buenos Aires?

Roberto Blanco Toselli, de la Inmobiliaria Toselli Fuentes, hizo memoria cuando La Nación lo consultó. "Hay muchas historias -dijo-. Yo recuerdo una mansión, en Loria y Carlos Calvo, construida en la década del 10.
Parecía que nadie la habitaba, hasta que la demolieron en los 80. Bueno, en el barrio se decía que allí había ocurrido un crimen, que de noche se escuchaban cosas feas, incluso apariciones."

Blanco Toselli, como la mayoría de los entrevistados, señala a Belgrano como el barrio más fantasmagórico. No puede evitar hacer referencia a la actual embajada de Alemania, en Luis María Campos, pasando la iglesia de San Benito.

"Mire, la casa perteneció a los Blaquier y hasta que se vendió, parecía deshabitada. Nadie quería entrar, ni los chicos a buscar la pelota. Parece que hubo un crimen...", dice, y la verdad es que da miedo.

"Esa casa -dice el periodista e historiador Enrique Mario Mayochi- fue de la familia Tornquist, que la mandó construir. A principios de siglo se ofrecían grandes recepciones y era desde allí de donde partían los globos piloteados por Jorge Newbery. Después, la compró un italiano de apellido Casullo y luego, los Blaquier."

-¿Pero hay fantasmas?

-Parece que hubo una muerte, un crimen del que todos hicieron silencio. La casa finalmente se cerró, el parque se convirtió en una selva impenetrable. No se podía vender, hasta que la compraron los alemanes. Pero es una leyenda.

¿Será? Blanco Toselli arriesga otra teoría que escuchó de boca de alguien: la casa está supuestamente poseída, no por fantasmas, sino por demonios. Entre risas, cuenta: "Dicen que la iglesia de San Benito, que linda con la casa, era la única parroquia de Buenos Aires que oficialmente podía realizar exorcismos. Se cree que los demonios, como no pueden entrar en la iglesia, vagan por los jardines". Blanco Toselli jura que esto es una creencia y que a él se lo contaron: "Todos los vecinos creen lo mismo".

Mayochi, autor de "Belgrano, del pueblo al barrio", es un estudioso de la zona. Recuerda la mansión conocida como "El castillo de los Leones", en José Hernández y Luis María Campos.

"La hizo construir un italiano que inventó un sistema jubilatorio, estafó a medio mundo y desapareció. Se la conoce con ese nombre porque en efecto tenía leones y torretas tipo medievales. Esa casa fue comprada por los Lacroze. Parece que hubo un crimen, la gente decía que de noche se escuchaban ruidos de cadenas. Hay vecinos que juran haber visto el espectro de una mulata vestida de celeste, que incluso salía a la vereda. Se la llamaba la casa de los fantasmas."

Y escuchándolo a Mayochi es imposible no evocar los majestuosos cuentos de terror de Lovecraft y sus mansiones vecinas a la Universidad de Miskatonic, en Arkham.

Con música funcional

"Alquilé una casa en Mar del Plata hace dos años. Era estupenda, excepto por las noches: el piano del living tocaba solo, todas las noche, y era de terror", dice Vilma, otro nombre de fantasía, por eso del pudor de "yo no creo, pero que los hay, los hay".

Porque en estas historias hay generalmente dos cosas en común: hubo un crimen del que se sabe poca cosa y siempre hay un sacerdote convocado para un exorcismo.

Raúl Mell, de Mell Propiedades, también tiene alguna historia para contar. "Una casa de Lacroze entre 11 de Septiembre y Villanueva tiene un predio para enterrar a los muertos. Viene de antes, claro, igual que la capilla, y dicen que allí escuchan ruidos extraños", cuenta.

Muertos, fantasmas, sacerdotes, pais umbandas dedicados a "limpiar" la casas, son parte de estas historia pocas veces probadas.

Gladys Romero Areco, de Kantai Propiedades, pidió un día para pensar. Dijo que los compradores de casas antiguas no preguntan si hay fantasmas, pero interrogan al vendedor sobre las muertes recientes.

"Y... son difíciles de vender -dice-. En Palermo Chico sé de una propiedad que había sido de una mujer que no la quería vender. Finalmente ella murió en la casa y fue increíble: cada vez que estábamos por cerrar la transacción, algo pasaba. No había fantasmas, pero era mufa".

-¿Se vendió?

-Sí, con mucho esfuerzo. Y lo más curioso es que nunca fue ocupada.

Porque los fantasmas son molestos y no se privan de impacientar a los demás. Si no nos cree, pregunte en la embajada de la República del Perú, en la Avenida del Libertador.

La leyenda -y el propio embajador- cuentan que de noche los muebles no dejan de sacudirse en el altillo de la vieja mansión. El historiador Roberto Elissalde recuerda que esa casa perteneció a la familia Solar Dorrego, cuyo último familiar tomó la decisión de suicidarse allí tras enterarse de que padecía una terrible enfermedad. "Dicen que el fantasma del pobre hombre ronda por la casa."

Elissalde explica que en la vieja Facultad de Derecho (hoy, de Ingeniería) alguien sacó una foto en un salón vacío. Pero al revelar el rollo en el salón había un espectro. "Esa foto está en el Museo de Derecho, yo lo vi", cuenta.

Igual que al fantasma del Museo Fernández Blanco, otro espíritu errante que vaga sin concierto y que tiene dificultades para descansar en paz.

Alejandra Rey

Diario La Nación

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