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Villa Urquiza
Transformación

La llegada del subte y su buena ubicación cerca del corredor norte de la ciudad impulsaron la multiplicación de obras en Villa Urquiza, aunque el barrio logra conservar sectores residenciales. Surgen ahora proyectos más informales


Villa Urquiza es uno de los barrios porteños que más ha crecido en los últimos tres años. Sólo en los alrededores de la estación pueden contabilizarse más de treinta emprendimientos inmobiliarios y, a primera hora de la mañana, sobre ciertas calles se alinean hasta seis hormigoneras en una cuadra.
¿Por qué este crecimiento? "Nunca una sola razón marca tendencia -asegura Carlos José Puente, titular de Puente Propiedades, firma con más de treinta años en la zona-. La extensión del subte B que llega hasta Tronador y de los Incas, y en poco tiempo inaugurará las estaciones sobre avenida Triunvirato, es un factor inequívoco del cambio. Pero hay otros motivos: una ubicación privilegiada en el corredor norte de la ciudad, entre Belgrano R y Devoto, fácil acceso a través de Gral. Paz y Panamericana, y el hecho de ser uno de los lugares más altos de la ciudad. Don Francisco Seeber, fundador de Villa Urquiza, compró lotes en esta zona para sacar tierra y rellenar una fracción baja destinada a la construcción de un muelle en lo que hoy es Leandro N. Alem y Paraguay. Una vez cumplido ese objetivo decidió vender estos alejados terrenos y esbozó el trazado de una villa, Urquiza, que no se inunda nunca."
El arquitecto Diego Vega, uno de los responsables de Vega Organización Inmobiliaria, empresa fundada por su bisabuelo en 1913, confirma lo que dice su colega, pero rescata otro aspecto del barrio. "Aquí -explica- todavía se respira el clima de los barrios residenciales sin por eso renunciar a una importante infraestructura de servicios. Es un barrio pintoresco, con lo mejor de las tradiciones y la modernidad."



Con diferentes aires

A Villa Urquiza puede dividírsela en tres grandes zonas delimitadas en sus bordes norte y sur por la avenida Alvarez Thomas y la avenida de los Constituyentes. La columna vertebral de las tres áreas, por su tránsito e influencia comercial, sería Triunvirato. A Parque Chas la mayoría de los vecinos lo considera parte indivisible de la Villa y cuarta zona, pero hace poco se lo ha honrado como barrio independiente.
Según Diego Vega, el sector limitado por Pampa y Monroe es el más residencial y mejor cotizado. Todos quieren vivir sobre el bulevar Mendoza, y Olazábal concentra los comercios exclusivos de la zona. "Prácticamente la mitad del sector está codificada como R2b y se puede construir sólo hasta tres pisos, por lo tanto aún conserva las originales casonas, muy valoradas. En el espacio codificado como R2a se han construido importantes edificios, todos de categoría, y casi no quedan terrenos disponibles."
En lo que se ha dado en llamar Urquiza Nuevo, con centro en la plaza Esteban Echeverría, el arquitecto Vega también distingue dos zonas: "De la plaza hacia Constituyentes hay casas bajas y muchos nuevos dúplex y tríplex de calidad. En cambio, en los alrededores de la plaza se están levantando la mayoría de los emprendimientos en altura, también de categoría. La tercera zona, la que va desde Congreso hasta Larralde, todavía se mantiene ajena al auge de la construcción. Responde a una codificación R2b y conserva el espíritu tanguero que hizo famoso al barrio".
En cuanto a los valores, Carlos Puente retoma la palabra y asegura: "Aún hoy, en Villa Urquiza el valor de los lotes está por debajo de los de barrios como Palermo o Belgrano".
En zonas R2a2, donde se permite mayor superficie de construcción, el valor de la tierra oscila entre 250 y 400 dólares por metro de incidencia. Así, un lote de 8,66 x 30, en el sector residencial, donde el FOT permite construir 900 m2 computables tiene un valor de 350.000 dólares, aproximadamente.


Juego de contrastes en un barrio que multiplica desarrollos


Las restricciones

Recientemente, el gobierno porteño dio a conocer las nuevas condiciones para construir torres en seis barrios, entre los que se cuenta Villa Urquiza, donde para cada emprendimiento las empresas deberán contar con un certificado que garantice el suministro de agua y el funcionamiento de la red cloacal.
Al ser consultado acerca del tema, el arquitecto Vega opinó que es un error enfrentar a vecinos con constructores.
"Ninguna de las partes tiene culpa de la falta de previsión y visión de ciertos funcionarios. Con la construcción se benefician miles de trabajadores y empresarios que alimentan esta industria. En un país que registra índices altos de desocupación, nada justifica tomar medidas que ahuyenten a quienes invierten en actividades productivas o los obligue a volcar sus iniciativas en cuestiones especulativas."
Agrega que en Villa Urquiza, para construir no se está apelando a ninguna medida de excepción.
"Todas las iniciativas se encuadran dentro del Código de Planeamiento Urbano. Pero tenemos muchos clientes que han comprado terrenos, pagando por los mismos sumas muy importantes, y hoy sus proyectos se encuentran paralizados a la espera de autorizaciones de empresas que no tienen potestad en determinadas decisiones y ni siquiera saben otorgar el certificado que se les solicita."
Añade que también muchos propietarios de inmuebles ubicados en lotes donde el código permite construir en altura habían decidido poner sus casas en venta para comprar mejores viviendas, dentro del mismo barrio aunque en zonas de menor factor de ocupación.
"Algunos, ante el temor de los emprendedores a que no les otorguen el permiso de construcción, han debido postergar sus proyectos de cambio. Es bueno preguntarnos -concluye Vega- cómo queremos que sea la ciudad en la que vamos a vivir, pero no se puede tomar medidas que afecten derechos adquiridos. Una vez debatido el tema y dictadas las leyes éstas deben cumplirse. El camino debería ser ése y no el inverso."
 


El vecino, protagonista

Luis Alposta, médico, escritor, presidente de la Junta de Estudios Históricos de Villa Urquiza, que nació y sigue viviendo en el barrio, en una de las casas del bulevar Mendoza, afirma: "El barrio ha ido creciendo y desarrollándose con naturalidad hasta llegar a ser lo que es. Y es de destacar el hecho de que su principal protagonista sigue siendo el vecino, al que no sólo se le conoce el nombre, sino también el apellido, y que defiende un barrio en el que todavía se puede ver el cielo o apreciar una puesta de sol con un simple movimiento de cabeza".
Y agrega: "Quisiera destacar lo que bien podría ser el signo paradigmático de nuestro barrio. Algo así como un microclima íntimo y vivencial. Una especie de segunda nacionalidad que, tarde o temprano, todos sacamos a relucir. Una villurquidad que no necesita de documento alguno para manifestarse.
"Yo no tengo condiciones de futurólogo, y entiendo que es mucho más difícil poder serlo en esta época de incertidumbre. Pero, no obstante, me arriesgo a pensar que más allá de los tiempos que corren, y que de tanto correr es fácil imaginarlos con la lengua afuera, Villa Urquiza seguirá siendo una gran familia, y el pertenecer a ella también será motivo de alegría y orgullo. Ese es mi deseo".

Paula Gómez, 17 de marzo de 2007
Publicado en La Nación

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