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MONSERRAT
Plena renovación

En Monserrat los menores costos de los terrenos impulsaron la construcción de edificios de escasa altura, pero que comienzan a modernizar el barrio; los nuevos, entre US$ 1150 y 1500 el metro cuadrado
 

Lo antiguo y lo moderno parece que van de la mano en cada manzana del barrio de Monserrat, el más histórico de la Capital Federal. Surgido con la llegada misma de los colonizadores españoles, mantiene reminiscencias del estilo español en la mayoría de sus viejas edificaciones, con muestras también del francés, art déco, barroco y neoclásico.
Una zona que -limitada por las avenidas Entre Ríos al Oeste, Rivadavia al Norte, Ingeniero Huergo al Este e Independencia al Sur- se caracteriza por arterias muy comerciales como Entre Ríos y avenida de Mayo; Venezuela, por la cantidad de restaurantes que allí se instalaron, y Virrey Ceballos, por los outlets de zapaterías, a lo que se suman numerosos edificios de oficinas.
Pero los tiempos cambian. Explica Horacio Enricci, titular de R. H. Enricci Propiedades: "Por lo que me transmitió mi padre, fundador de la firma hace 75 años, el barrio siempre fue tradicional, con familias de clase media o de escasos recursos; sólo ahora se prepara para salir del letargo, impulsado por el desarrollo de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) -Lima e Independencia- y la proximidad a las facultades de la UBA, que generaron que muchos estudiantes requieran el alquiler de departamentos de uno o dos ambientes, cuya oferta resulta escasa, o los de tres, que son requeridos por familias de clase media para estar cerca de sus empleos, aparte que otras zonas están atiborradas de habitantes". Resulta atrayente, a la vez, los innumerables medios de locomoción hacia distintos puntos de la Capital y el conurbano, incluidas las líneas A y C de subterráneos, que circulan por el lugar que acuna al centro cívico nacional y al GCBA, y que alberga el monolito del kilómetro 0, frente al Congreso de la Nación, desde donde se miden las distancias para cualquier rincón del país.
El nombre del barrio surge como homenaje a Nuestra Señora de Monserrat, muy venerada en Cataluña, donde se conserva la réplica de la imagen original que fue escondida cerca de Barcelona para protegerla de los musulmanes. Cuando fue redescubierta, cien años más tarde, por los efectos del paso del tiempo, tanto la Virgen como el Niño tenían un color oscuro, y así la llamaron cariñosamente La Morenita o Morenita. Gracias a su color conquistó el cariño de los negros que habitaban Buenos Aires, que la paseaban en procesión todos los 8 de septiembre, día oficial de celebración del barrio instaurado por la Legislatura porteña. La relación directa con esta Virgen da cuenta de que en la avenida Belgrano 1151 se levanta la parroquia que venera su imagen y que en Carlos Calvo al 1500, donde funcionó la fábrica de café La Morenita, ahora comenzó a construirse un emprendimiento para de departamentos -algunos apto profesional- de buen nivel.

Casa de Ejercicios Espirituales, sobre la avenida Independencia



También fue llamado Barrio del Tambor, por los tamboriles que tocaban los negros para bailar el candombe en los antiguos carnavales. Como todo se recicla, de aquel viejo Buenos Aires y de aquella gente de color de distintos orígenes nos encontramos con los turistas de hoy, a lo que apunta Armando Pepe, de la firma homónima, al aseverar: "Hay varios nuevos desarrollos que no superan los ocho pisos como lo establece la reglamentación, destinados al alquiler temporario no sólo de estudiantes, sino de extranjeros que por distintos motivos deben permanecer aquí por un lapso prolongado. Así, sobre Lima, de Belgrano hacia Constitución, se encuentran nueve edificaciones en plena ejecución".
Se menciona con reiteración al estudiantado universitario, aunque el martillero Horacio Enricci aclara: "Otro de los puntos que interesa a los padres de familia para establecerse es que aquí hay una nutrida propuesta de colegios privados de alto nivel para sus hijos menores, como Euskal Echea, Del Huerto y Don Bosco, al margen de los públicos como el Nacional y Otto Krause, entre otros".
Para el martillero Ricardo López el progreso es lento porque "es una zona de casas viejas y amplias, que las menos son adquiridas para reciclarlas cuando los propietarios aceptan bajar sus pretensiones. Lamentablemente todavía quedan cuadras con viviendas muy antiguas, algunos inquilinatos y hasta casas tomadas que le restan valor a las propiedades. Alrededor del 25% está en sucesión, por lo que se debe aguardar la decisión de los herederos para conocer su futuro". El operador destaca: "El valor de la construcción en todos lados es igual; lo que incide en el costo final es el valor de la tierra, que difiere por sectores entre cada avenida. El más caro es el que abarca entre Rivadavia y Belgrano, de ésta a Independencia desciende, y desde allí a San Juan es menor aún". Los cambios comenzaron para Monserrat, pero el proceso es lento. Según Ricardo Vinelli, uno de los titulares de la firma Vinelli Inmobiliaria, "hacia fines de 2008 cuando comience la venta o el alquiler de lo que se está construyendo, y a medida que los inversores sean desplazados de otros sectores como Palermo, Belgrano, Recoleta y Caballito, para encarar nuevos emprendimientos con viviendas agradables a precios más convenientes porque el costo de la tierra es casi un 50% más económico se notará el cambio de la zona. En parte, ya comienza a mostrarse la denominada zona aduanera, donde viejas fábricas y depósitos abandonados son reciclados como sólidos edificios de oficinas sobre Ingeniero Huergo, Azopardo y Paseo Colón".

Una esquina clásica del barrio, con casas antiguas y calles arboladas



Historia viva

Un antiguo comerciante de Monserrat, don Alejandro, de 70 años, definió al barrio como "el corazón de Buenos Aires, porque guarda en sus entrañas lo más preciado de nuestra historia, los restos del general Manuel Belgrano en el convento de Santo Domingo, los del General José de San Martín en la Catedral metropolitana, la Plaza de Mayo, el Cabildo, la Manzana de las Luces y hasta el Instituto Cardiológico de la Fundación Favaloro". Es más, en avenida de Mayo 1370 se encuentra el primer rascacielos de la ciudad, el edificio Barolo, inaugurado en 1923. Fue financiado por el magnate textil italiano Luis Barolo, con 100 metros de altura y 24 pisos, hoy ocupado por comercios y oficinas. En tanto, una turista española, Sofía García Pardo, comenta: "Me alegro de haber descubierto Monserrat, porque sus expresiones culturales como los teatros Avenida y Liceo, numerosos museos, el viejo Café Tortoni, tantas iglesias que son reliquias me encantan; además me enteré que aquí nació Niní Marshall".

Juan Manuel Raimundo, 5 de enero de 2008
Publicado en La Nación

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