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Un peligro que no se tiene en cuenta al demoler edificios

  • Los trabajadores que participan en implosiones son los más expuestos

  • También los vecinos alcanzados por la nube de polvo, como los de Fuerte Apache


  • Demolición con implosion


    Demoliciones, implosiones y explosiones constituyen una importante fuente de propagación de las partículas de amianto y, por ende, implican un alto riesgo para la salud de la gente.
    "Otros países exigen que antes de realizar cualquier trabajo de este tipo se concreten estudios de presencia de asbesto, junto con la correcta extracción y neutralización del material. Aquí todavía no hay regulaciones al respecto, pero evaluamos su instrumentación", indicaron el secretario Héctor Moguilevsky y su asesor Carlos Damín.

    Luego recordaron las recientes implosiones en el complejo Fuerte Apache. Los especialistas sostienen que "hay que tener mucho cuidado. La nube de polvo de grandes dimensiones que se genera y la cantidad de curiosos que se congrega en los alrededores aumenta aún más el riesgo".

    En el mismo sentido, Damín confió que la planeada aunque demorada demolición de la cárcel de Caseros también deberá contemplar los recaudos respecto del amianto presente.

    "Al principio no lo habían tenido en cuenta. Pero nosotros visitamos las instalaciones con un especialista alemán y descubrimos que las calderas tienen una cobertura protectora de asbesto", afirmó.

    Por todo esto, los trabajadores relacionados con la industria de la construcción -particularmente quienes participan en demoliciones- constituyen la población más expuesta a la acción nociva del amianto en estado disgregado.

    Les siguen sus familiares y los vecinos de los edificios que se tiran abajo por implosión o explosión.


    Buena recepción

    Existen alternativas menos peligrosas para todos los usos de asbesto y las grandes empresas que trabajan en el país ya han reconvertido su industria con el uso de materiales sustitutos, aunque con las mismas propiedades.

    "Efectivamente, cuando nos reunimos con representantes de la Unión Industrial Argentina (UIA) para consensuar la supresión de la variedad anfiboles, nos comunicaron que Eternit prohibió ya el empleo de asbesto. La firma empleaba entre el 60 y el 70 por ciento del material que circula en el país; por eso la noticia nos trajo mucha tranquilidad", explicó Moguilevsky.

    "Recibieron -continuó el funcionario- la orden de su casa central en Bélgica, para cancelar en un ciento por ciento el uso del mineral."

    Ese país integra la Unión Europea, cuyas directivas prohibieron la variedad anfiboles en 1991 y prevén la eliminación de la variedad crisotilo hacia el 2005.

    De acuerdo con Moguilevsky y Damín, las características aislantes de la temperatura y la electricidad no son únicas del amianto.

    "Se elaboran otras sustancias con propiedades idénticas, que pueden reemplazar perfectamente el uso del asbesto. Claro que son mucho más caras y para las empresas, que se rigen por el afán de lucro, el aumento de los costos constituye un obstáculo para adaptar los materiales", coincidieron los funcionarios del Ministerio de Salud de la Nación.

    En la Comisión Transitoria de Asesoramiento sobre Asbesto, presidida por Damín, buscarán soluciones en conjunto.


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