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Del este al paraíso

Cascada de la Tristeza

No estuvo errado Exequiel Bustillo cuando la Patagonia andina era sólo una extensión verde y lacustre, y le auguró con visión de conquistador y estratego, el auge que experimenta hoy.Las profusas jugadas en compras de tierra, construcciones y turismo que saborea el Sur, parecen piezas ajenas a un rompecabezas nacional signado por una de las peores crisis recesivas de la historia.

Si algo bueno deparó el desembarco de grandes terratenientes extranjeros con la masiva adquisición de campos de belleza singular, que cercan ríos y lagos, fue el poner en el candelero una realidad tan obvia como ignorada por los hacedores de viejas y nuevas fortunas: el paraíso no está afuera; existe a un poco más de 1500 km de la Capital. Y es, además, un buen negocio. Mucho más rentable que una inversión en Miami, o en las costas uruguayas. Y mejor aún que las tasas de interés del 8 por ciento anual para el dinero colocado en el exterior a bajo riesgo.

Un sinfín de nuevas urbanizaciones y loteos, producto del gran negocio inmobiliario que viene engendrando el Sur, pronostica una vertiginosa recolonización de tierras majestuosas y vírgenes. Y no son pocos los argentinos que vendieron sus empresas a las grandes multinacionales -que también optaron por invertir en la Patagonia andina- cuando el proceso de globalización comenzaba a hincar sus dientes y vaticinaba una muerte agónica de las empresas nacionales. Pero a contrapelo de las jugadas foráneas, los pedazos de suelo que aquellas urbanizaciones cercan son menos ambiciosos en dimensiones, tienen uso intensivo y, por sobre todo, destino de bajo perfil. Porque si los hábitos y costumbres en los años 90 exudaban playa, sol, exhibicionismo, fiesta y frivolidad, los designios para el nuevo milenio están en las antípodas: el disfrute y el solaz de las vacaciones familiares ahora se combinan con descanso -del verdadero- y mucha naturaleza.

Pesca en el Sur Argentino


Además, en el calendario de vacaciones, los meses estivales dejaron de monopolizar el ocio para cederlo a la sucesión de fines de semana largos, lo que no hace más que justificar cualquier inversión más allá de la provincia de Buenos Aires.

Es que el Sur ya no queda tan lejos como antes, con las obras y mejoras de infraestructura vial y la oferta aérea a precios competitivos y desregulados.

Villa La Angostura, oasis de inversiones. De todos los parajes sureños, Villa La Angostura (VLA) ostenta la pole position en materia de cuantiosas inversiones. Trepada al pedestal tan sugestivo como marketinero de aldea de montaña -una marca en el orillo que arrastra desde la fundación de Cumelén, el primer y más exclusivo country club del país-, la villa tuvo en 2000 un raudal de inversiones similar al de 1999; aunque por otros lares se hable de recesión.

Un recorrido en noviembre muestra en este lugar hipnótico, de entorno natural privilegiado, un sinnúmero de construcciones en ejecución, algunas realmente imponentes, que auguran una temporada aún más poblada que la última.

Y desde la secretaría de Planificación y Desarrollo del municipio, su director, Víctor Hugo Benítez lo certifica: "Vamos a terminar el 2000 con un crecimiento exponencial. Este año se están construyendo 24 mil metros cuadrados declarados-el equivalente a 100 nuevas casas de 240 metros. En total, son inversiones por U$S 24 millones. Una cifra similar a la del 99, sólo que este año se trata en su mayoría de casas residenciales".


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