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La calma que anticipa la tormenta

  • Se encuentran en estado de asamblea
  • El Grupo Exxel quiere hacer un centro de modas
  • Pero al no contar con el permiso oficial, podría vender la casa para que se levante un gran hotel


  • Palacio Duhau


    Hay algo en el aire que inquieta a los vecinos del Palacio Duhau, preocupados como están por la suerte de la mansión construida a comienzos del siglo pasado por el francés León Dourze y por el ingeniero Alberto Duhau según cánones de serenidad helénica. No hay movimientos, salvo, de vez en cuando, una corte de mozos que se desplaza por el jardín convertido en escenario circunstancial de los agasajos VIP del grupo Exxel. Sin embargo, parece haber llegado el tiempo de las definiciones.
    El grupo Exxel es dueño de la propiedad, habitada hasta no hace mucho por los Avellaneda, Escalante, Uribelarrea y Nelson, todos descendientes del tronco Duhau. Dicen que Juan Navarro se ha cansado de esperar el permiso que le permita convertir la señorial mansión francesa en un shopping de ropa cara y grandes marcas, como Gucci, Ferragamo, Oscar de la Renta, Dolce & Gabanna y otros, que cotizan sus diseños arriba de los 1000 dólares.

    El rumor que circula por el vecindario en estos días hace referencia "al fin del compás de espera". Una fuente muy cercana al empresario de origen uruguayo admitió que había negociaciones para un cambio de manos de la propiedad, que incluye la casa, el jardín de 3600 metros y los edificios comprados luego y anexados para aumentar el FOT (factor de ocupación del terreno) y poder construir así un hotel cinco estrellas con acceso por la calle Posadas.

    La sola mención del proyecto saca de quicio a Patricia Peralta Ramos, presidenta de la comisión de vecinos de la mansión, y, curiosamente, emparentada con el ingeniero Diego Peralta Ramos, autor del proyecto del shopping de lujo y de la torre hotelera que sería regentada por el Ritz-Carlton.

    Patricia Peralta Ramos está preocupada por la amenaza que representa para el patrimonio urbano el mero negocio, pero también por lo que ella llama "las cuestiones concomitantes".

    "Esta era una zona residencial que cambió totalmente con la construcción del Patio Bullrich, del Caesar Park y del Hyatt. No entiendo por qué insisten en hacer otro hotel en menos de tres cuadras habiendo tantas zonas lindas en la ciudad", dice la presidenta, mientras revisa la documentación acumulada en torno del "caso" Palacio Duhau.


    Interés nacional


    El papel más importante de los que tiene en su poder es la carta en la que la presidenta de la Comisión Nacional de Monumentos y Lugares Históricos, Magdalena Faillace, informa de la solicitud elevada al secretario Lopérfido para que la casa sea declarada parte de "un conjunto urbano arquitectónico de interés nacional". Tiene fecha 3 de octubre, pero aún no ha pasado nada.

    "Con eso no alcanza; se necesita una nueva ley de patrimonio acorde con los tiempos -opina el arquitecto Fabio Grementieri, especialista y conocedor de estas cuestiones-. Una ley que permita proteger las propiedades en su totalidad, no salvar sólo fachadas. Se trata de obras integrales donde arquitectura, decoración y jardines forman parte de un todo inescindible a la manera de los palacios Paz y Errázuriz, los actuales Círculo Militar y Museo de Arte Decorativo, respectivamente."

    En esta misma posición se encuentran miles de vecinos que han firmado ante escribano público una solicitud para que la casa y el entorno sean protegidos.

    La actitud recuerda, aunque no sean las mismas motivaciones, el debate abierto en torno del Malba, por la excepción que pedía su impulsor, el developper y coleccionista Eduardo Costantini, para cerrar una terraza y habilitar una sala de muestras temporarias.

    En uno y otro caso, la actitud de los vecinos, comprometida y participativa, refleja una manera distinta de establecer la relación con la ciudad, con el barrio y con el entorno. Más allá del interés de cada uno por defender su paisaje cotidiano, la serie de cartas, solicitadas y reuniones da cuenta de una sintonía con preocupaciones similares en otras partes del mundo, donde existe real conciencia de la necesidad de preservar el patrimonio urbano arquitectónico, que es un bien no renovable.


    Mirando atrás

    El poderoso grupo Exxel pagó hace dos años una suma cercana a los 12 millones de dólares por la propiedad que fue noticia en diciembre de 1995, cuando un empresario miguelista les compró la casa a los herederos de Duhau por 9 millones de dólares.

    La operación fue pilotada por Julio Vicente Raele, un hombre vinculado con Lorenzo Miguel, que pasó de una humilde casa en Chivilcoy a un dúplex en Callao y Alvear. En aquel momento se dijo que Esteban Caselli, funcionario menemista con finos contactos eclesiásticos, había contribuido a cerrar el trato y concretar una venta que había fracasado por lo menos cuatro veces en anteriores oportunidades.

    Los herederos de Duhau lograban finalmente despedirse de la casa de estilo francés con señorial entrada para coches que linda, hacia Rodríguez Peña, con el palacete de Susana Maguire, y, hacia Montevideo, con la Nunciatura, ex propiedad de Harilaos de Olmos.

    Siempre sobrevoló la idea de construir un hotel cinco estrellas y muy exclusivo, dada la limitación de metros impuesta por el terreno. Cualquiera que sea el destino del Palacio de Alberto Duhau, el regreso de los inversores, tranquilizados por el blindaje y la mejor calificación del riesgo país, ha puesto a los actuales propietarios contra la pared de las definiciones.


    Por Alicia de Arteaga
    De la Redaccion de La Nación

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