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Un testigo y protagonista de la historia

Santa Catalina, la futura casa FOA

Arquitectura de la época colonial
El edificio, de cal y ladrillo, es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura de la época colonial, con sus tránsitos con cubierta de bóveda.

De escasa importancia durante el siglo XVI, Buenos Aires cobró, pococ a poco, su lugar en el mundo colonial hasta convertirse en la capital del Virreinato del Río de la Plata, en 1776. Para entonces, ya se habían construido los principales templos de la ciudad: San Ignacio, erigido entre 1710 y 1734; la basílica de Nuestra Señora del Pilar (1716-1732), obra de los recoletos; la iglesia de La Merced, habilitada en 1733; la de San Juan Bautista, en 1729; San Francisco, erigido entre 1726 y 1754; la capilla San Roque, de 1750; el templo y convento de Santo Domingo, construido entre 1751 y 1773; la antigua iglesia de San Nicolás de Bari, emplazada en terrenos que hoy ocupa la Avenida 9 de Julio, y la iglesia y el convento de Santa Catalina de Siena, donde en 1745 se instalaron las primeras monjas de clausura que residieron en el suelo porteño.

Santa Catalina de Siena
La clásica fachada de Santa Catalina de Siena, sobre San Martín.

Con planos del arquitecto jesuita italiano Andrés Blanqui, constructor que también intervino en la factura de la Catedral y del Cabildo, y merced a las gestiones realizadas por el doctor Torres Brizeño, el convento de monjas dominicas, cuya locación original se previó en México y Defensa, comenzó a levantarse en 1738 en el solar ubicado en la intersección de las calles San Martín y Viamonte.

Hito urbano
Renace un hito urbano

El edificio, de muros de ladrillo y revoques a la cal, posee dos plantas compuestas por dos magníficos claustros, alto y bajo, las celdas dormitorio, y los tránsitos con cubiertas de bóvedas baídas (la formada por un hemisferio cortado por cuatro planos verticales, y cada dos de ellos paralelos entre sí), Santa Catalina de Siena es uno de los escasos ejemplos porteños de la arquitectura colonial local, austera, sólida y sencilla, testigo silencioso de la historia nacional, ya que fue ocupada por un regimiento enemigo durante la Segunda Invasión Inglesa, en julio de 1807.

"Fue Monseñor Jorge Mario Bergoglio, ahora cardenal, el que me pidió que me ocupara del monasterio de Santa Catalina de Siena, un lugar prácticamente abandonado, propiedad de la arquidiócesis capitalina. Es un espacio que reúne todas las condiciones para contener tareas pastorales, de gran valor histórico y cultural, que requiere de una fuerte inversión inicial para su puesta en funcionamiento como Centro de Atención Espiritual", explica el presbítero Rafael Braun, uno de los impulsores del original proyecto.

Han comenzado ya los trabajos de restauración.

A fines de noviembre último, las organizadoras de Casa FOA, Mercedes Guerrero e Inés Miguens, se dirigieron a las autoridades eclesiásticas con objeto de conseguir el monasterio de Santa Catalina de Siena para la realización de la próxima muestra. Recibieron una respuesta positiva, dando inicio así a una nueva etapa en la historia de este edificio, Monumento Histórico Nacional desde 1942.

Una estructura intacta,

"Santa Catalina era un monasterio de clausura y como tal fue contenedor de actividades más bien contemplativas, de reflexión y oración. Queremos convertirlo en un lugar abierto a la comunidad, y para esta refuncionalización contratamos a Eduardo Ellis. Una vez realizado el proyecto y aprobado por la Comisión Nacional de Monumentos Históricos, invitamos a Casa FOA a participar del emprendimiento, estableciendo una relación de cooperación inédita, tanto para FOA como para la iglesia", agrega Braun.

Santa Catalina en el microcentro
Vista aérea del emplazamiento de Santa Catalina en el microcentro.

"Fue una grata sorpresa recibir la visita del presbítero Rafael Braun que nos puso al tanto del proyecto pastoral y edilicio. Se efectuó un trabajo conjunto del que participaron también Ramón Gutiérrez y José María Peña, hasta arribar a la solución final: no sólo la puesta en valor del bien, sino la participación y aportes de Casa FOA y el destino final del edificio, un ejemplo de recuperación patrimonial cuyo resultado es un bien vivo que sigue participando activamente de la vida cultural de la ciudad", aclara la licenciada Magdalena Faillace, hasta el mes último presidenta de la Comisión Nacional de Monumentos Históricos.

Santa Catalina fue testigo silenciosa de la historia nacional.

El Patio Central, restaurado según el diseño de Cristina Le Mehauté, ya aprobado por la Comisión; la Oficina del Rector, ambientada por un profesional elegido por la embajada de Reino Unido; el Salón de Usos Múltiples, proyectado por Germán Carvajal; el Oratorio, de Eduardo Ellis; la Cafetería; la Biblioteca, a cargo de Laura Ocampo y Fabián Tanferna; un ascensor vidriado para el traslado de ancianos y personas con movilidad reducida, y los 3 grupos sanitarios que se construirán para la ocasión, son los espacio que FOA dejará equipados y en funcionamiento, terminada la exposición.

Algunas de las tareas: rehacer techos y solucionar humedades.

 

Mónica Garmendia, 30 de mayo de 2001

Publicado en La Nación

 

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