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Buenos Aires ya tiene un circuito de museos

Con la vía libre a las obras, el Malba se suma al corredor

Créase o no, en un momento en el que resulta difícil, por no decir imposible, encontrar una buena noticia, Buenos Aires amplía su oferta cultural y suma puntos para convertirse en la capital cultural del Mercosur.

Lo hará con el corredor de museos de Buenos Aires que reúne, con eje en la Avenida del Libertador, centros de exposición permanente y temporaria del acervo artístico argentino.

Corredor Cultural

Tras muchas idas y venidas, el jueves último fue aprobada la ley de excepción que da vía libre a la finalización de las obras del Museo de Arte Latinoamericano (Malba), que tiene como poderosa ancla la Colección Costantini.

Tema de disputa entre vecinos y de polémica legislativa, el Malba incorporará al patrimonio artístico de la ciudad una pinacoteca de excepción, centrada en el arte latinoamericano del siglo XX a partir de obras representativas de Portinari, Berni, Fontana, Matta, Torres García, Figari, Macció, De la Vega, Xul Solar y Frida Kahlo.

Para encontrar un aporte similar a nuestro acervo en un ámbito de exhibición pública habrá que esperar los días que corren, cuando tiene fecha puesta la inauguración del Malba -el 18 de septiembre próximo- con la exhibición de las 220 obras de Costantini más 40 piezas en calidad de préstamo.

El corredor de museos de Buenos Aires arranca en la espléndida estructura que se levanta en Puerto Madero, según un proyecto del arquitecto Rafael Viñoly, concebido para albergar la colección de Amalia Lacroze de Fortabat, considerada de manera unánime una de las más entusiastas coleccionistas de arte en las últimas décadas del siglo XX.

Si bien la empresaria, que preside el Fondo Nacional de las Artes, ha sido siempre una sensible degustadora de los grandes maestros del arte universal, como J. M. W. Turner, Brueghel o Van Gogh, su colección de arte rioplatense permite una lectura de lo más exquisito de la producción de esta parte del mundo, desde los precursores hasta la actualidad.

La segunda escala obligada en este corredor es el museo Isaac Fernández Blanco, instalado en el Palacio Noel y en la casa que fue de Oliverio Girondo. El visitante podrá disfrutar en ese entorno bucólico de piezas de arte hispanoamericano, platería, mobiliario e iconografía.

Ambitos de convocatoria

El recorrido sigue por el Palais de Glace, oficialmente llamado Salas Nacionales de Exposición, destinado a muestras temporarias. Sin colección propia, el Palais de Glace es un ámbito de gran convocatoria. Allí se exhibieron con gran suceso las muestras de Molina Campos, Quirós, Quinquela, artistas de notable repercusión en el gran público.

Cruzando la avenida Pueyrredón se encuentra el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), fundado por Eduardo Schiaffino en 1896, a partir de colecciones privadas como las de Prudencio y Manuel Guerrico, los González Garaño y Santamarina. El MNBA es una escala obligada para entender la pasión de los coleccionistas argentinos por acercar el arte universal, cuando nuestro país era un sueño por cumplir. La última gran donación fueron las obras de la Colección Hirsch instaladas en una sala que conforma con los más exigentes estándares internacionales.

A metros nada más del MNBA, el Centro Cultural Recoleta, instalado en lo que fue el antiguo Hogar de Ancianos, reciclado por el arquitecto Clorindo Testa, es un vital escenario para el arte argentino en plena producción.

Cuenta con salas de primer nivel, como Cronopios, dedicadas a muestras de gran aliento, tal como sucede hoy con la de Juan Carlos Castagnino, en exhibición desde la semana última, decidida a rescatar la faceta más conocida del popular Castagnino, que le puso imagen al Martín Fierro y encontró en los temas camperos un inagotable tema de inspiración.

La sala Cronopios ha sido también el escenario de muestras internacionales, como la organizada años atrás en torno de la figura del joven español Miquel Barceló, o más recientemente la dedicada al arte popular del Brasil que formó parte de la megamuestra de los 500 años del Brasil.

Sobre la Avenida del Libertador, el corredor museístico cuenta con dos exponentes imprescindibles para entender facetas complementarias de nuestra identidad.

Son el Museo José Hernández, centrado en motivos gauchescos, y el Museo Nacional de Arte Decorativo, que ocupa el espléndido palacio construido por encargo de Matías Errázuriz, embajador de Chile en la Argentina en las primeras décadas del siglo XX, cuando París marcaba el rumbo de la mejor arquitectura local.

Entre las joyas de las colecciones del museo que dirige el arquitecto Alberto Bellucci se cuenta la sala Sert, recientemente restaurada, que rescata la obra del genial catalán y constituye una pieza única de la estética modernista. Retratos de Sorolla, porcelanas, muebles y objetos de arte procedentes de grandes colecciones argentinas completan el acervo de esta señera institución.

Previa escala en el Malba, el último destino de este corredor cultural es el Museo Eduardo Sívori, que saca partido del entorno único de los bosques de Palermo. La colección del Sívori, centrada en el arte argentino de la primera mitad del siglo XX, es una oportunidad para descubrir la obra de los maestros que forjaron el camino para las nuevas generaciones.


 

Alicia de Arteaga, 1 de julio de 2001

Publicado en La Nación

 

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