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El recurso del bien de familia

Crece el número de personas que inscriben su propiedad con esta institución.

Bien de familia
Un instrumento eficaz y simple que se utiliza para proteger patrimonialmente al grupo familiar

Hasta hace un par de décadas inscribir una propiedad como bien de familia era una rareza reservada sólo para personas muy previsoras. Sin embargo, y bajo el influjo de sacudones económicos como la hiperinflación que terminó con el gobierno de Alfonsín, en los últimos años la cantidad de inmuebles protegidos por esta institucion ha crecido notablemente.

Pero ¿qué es el bien de familia? Se trata de uno de los instrumentos más simples y eficaces que la ley 14.394, dictada en 1954, creó para proteger patrimonialmente al núcleo familiar. Y consiste, como es sabido, en la posibilidad de que la casa en la que habitan los miembros de una familia sea inscripta en el Registro de la Propiedad Inmueble como un bien que, en principio, no puede embargarse casi en ninguna circunstancia.

Lo que se persigue con esta institución es poner a la familia en salvaguardia de reveses económicos ocasionales, que puedan dejarla sin el sustento mínimo y, sobre todo, sin vivienda.

El doctor Isaac R. Molina, director del Registro de la Propiedad Inmueble de Capital Federal, confirmó el importante aumento que se verificó en las inscripciones de bien de familia sobre todo a partir de la década del 80. "Ha crecido y sigue creciendo sostenidamente el número de personas que se acercan a esta institución para inscribir su propiedad como bien de familia. Actualmente atendemos por día aproximadamente entre 100 y 120 consultas e inicios de trámites y de 60 a 70 audiencias. A eso hay que sumarle las innumerables consultas telefónicas".

En tiempos como los que vivimos, signados por la inestabilidad laboral y las frecuentes crisis, la inembargabilidad del bien de familia cumple una función social de primerísima importancia.

No sólo se puede inscribir como bien de familia el inmueble en el que se habita, sino también otra finca que con sus réditos contribuya al sostenimiento del grupo familiar.

El fin perseguido es siempre en todos los casos la preservación del núcleo familiar, célula básica de cualquier sociedad.

Qué se gana y qué se pierde

A los efectos de esta ley, se entiende por familia la constituida por el propietario y su cónyuge, sus hijos - aún los adoptivos -, nietos, padres, abuelos y sus parientes hasta el tercer grado de consanguinidad (por ejemplo, un sobrino nieto o bisnieto).

Como se dijo anteriormente, un inmueble inscripto en el registro correspondiente como bien de familia - hay uno por provincia - no puede ser ejecutado o embargado por deudas posteriores a su inscripción, ni aún en caso de concurso o quiebra de los propietarios. Pero conviene tener en cuenta que si puede ser embargado por las obligaciones provenientes de impuestos o tasas que graven directamente el inmueble o de créditos por construcciones o mejoras incorporadas en aquel o por deudas por alimentos entre los cónyuges.

Cuando la propiedad no está afectada a la vivienda, sino a la producción, la ley permite embargar los beneficios de esta explotación, pero sólo hasta el 50 por ciento.

"Esto es así porque no sólo se puede inscribir como bien de familia el inmueble destinado a vivienda, sino cualquier otra propiedad que con sus réditos contribuya al sostenimiento del grupo familiar. Pero la ley autoriza a constituir sólo un bien de familia y establece que si alguien tiene dos o más bienes, deberá elegir uno de ellos", explicó Molina. Otro de los beneficios de esta institución es que no paga el impuesto a la herencia, siempre que los herederos integren el núcleo familiar mencionado.

Los trámites relacionados con la constitución e inscripción del bien de familia están exentos del impuesto de sellos y de otros gravámenes nacionales y provinciales. La ley establece, además, que las autoridades de los diferentes registros están obligadas a prestar asesoramiento gratuito a quienes deseen inscribir su propiedad como tal.

Por último, los profesionales que intervengan en el juicio sucesorio de un bien de familia no podrán cobrar honorarios superiores al 3 por ciento de la valuación fiscal. Es decir, una cifra notoriamente menor que la habitual en una sucesión corriente.

Como se ve, muchas son las ventajas de inscribir una propiedad como bien de familia, sobre todo en materia de seguridad. Pero tiene sus invonvenientes. El más notorio es que, al ser inembargable, el inmueble no es aceptado como garantía, por ejemplo, en un contrato de alquiler, ni sirve de aval de un préstamo bancario. Tampoco puede ser hipotecado.

"Para realizar cualquiera de estas operaciones, la propiedad debe ser desafectada previamente como bien de familia y cancelada su inscripción en el Registro Inmobiliario", advirtió, por su parte, la coordinadora de Bien de Familia, también de Capital Federal, Rita Moreno de Luthy.

Según Rita Moreno, el trámite que debe realizarse para inscribir una propiedad como bien de familia es gratuito y lo puede iniciar cualquier persona, no necesariamente el titular de la propiedad en cuestión.

El primer paso que debe darse es concurrir con el título de propiedad original, el o los documentos de los titulares del inmueble y la libreta de casamiento que acredite el vínculo de los beneficiarios al Registro de la Propiedad Inmueble correspondiente.

"Apenas el interesado llega al Registro se le hace completar una planilla y se fija una fecha de audiencia dentro de un plazo de aproximadamente 10 días para que el propietario firme el acta y retire la escritura con el sello que consta que la propiedad está inscripta como bien de familia", contó Moreno de Luthy.

En fin, la vivienda es el refugio más vale prevenir que curar.

Para tener en cuenta

Existe un Registro de la Propiedad Inmueble en cada provincia. Todos atienden de lunes a viernes de 9 a 13.

El Registro de Capital queda en Belgrano 1130 y el teléfono para informes es 4384-9693.

El Registro de la Provincia de Buenos Aires está en la Calle 44, entre 4 y 5, y el teléfono es (0221) 4292500.

María de Vedia, 21 de julio de 2001

Publicado en La Nación

 

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