En una economía con escaso margen de ahorro, falta de confianza y calidad
institucional es difícil pensar en ofrecer líneas de crédito para adquirir
viviendas
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Dudas sobre el futuro de la financiación hipotecaria |
En materia de créditos, ya sea con destino hipotecario, prendario, personal,
pymes, etcétera, no existen grandes misterios. Siempre la oferta de crédito
tiene como contracara el ahorro. Y esto no es otra cosa que el ingreso no
consumido. En términos económicos, esto significa que alguien tiene que
sacrificar consumo presente (no consumir parte de su ingreso) para consumir más
en el futuro (tasa de interés).
Es importante destacar que el crédito no puede inventarse emitiendo moneda.
La emisión monetaria no puede reemplazar el funcionamiento real de la economía
en la generación de ahorro. Sólo produce inflación y transferencia de ingresos
de los que pagan el impuesto inflacionario a favor de aquellos que los reciben.
Ahora bien, en el caso particular del crédito hipotecario, ¿cuáles son las
condiciones actuales y las perspectivas de mediano plazo? La respuesta es muy
elemental. El sector privado de la economía argentina tiene muy escaso margen de
ahorro; por lo tanto, la oferta de crédito necesariamente tiene que ser
restringida. Es importante destacar que, además, el escaso ahorro del sector
privado se dirige en forma muy limitada al sistema financiero. La gente tiene
miedo a nuevas confiscaciones y a la pérdida en el poder de compra de sus
ahorros, por eso compra dólares y los guarda en una caja de seguridad, debajo
del colchón o, directamente, los fuga al exterior.
El principal obstáculo que hoy tiene la economía argentina para poder ofrecer
créditos hipotecarios en pesos a tasas pagables es que no hay suficiente ahorro
interno disponible para abastecer esa posible oferta. Una alternativa, ante la
falta de ahorro interno, podría consistir en recurrir al ahorro externo. Es
decir, que japoneses, italianos, americanos, ingleses o españoles estuvieran
dispuestos a enviar sus ahorros a la Argentina o comprar bonos del gobierno
nacional.
No creo que haga falta analizar esta posibilidad dado que todos sabemos que
la Argentina no consigue que nadie le preste un dólar.
Sin ahorro interno o externo disponibles, no veo ninguna posibilidad de un
resurgimiento del crédito hipotecario que les permita a las familias de ingresos
medios poder comprar su primera propiedad, o bien ampliarse vendiendo la que
tiene y comprando una más grande.
Y aquí quiero hacer un punto que, a mi juicio, es fundamental. Cuando los
economistas hablamos de respeto por las instituciones (por los derechos de
propiedad, seguridad jurídica, reglas de juego estables y eficientes que
permitan proyectar el futuro) la gente suele apoyar la idea, pero, en rigor,
mientras el ritmo económico responda (aunque sea en forma artificial) y todos
tengan algún nivel de actividad, el tema institucional es visto como una especie
de teoría aburrida de los economistas sin grandes aplicaciones en la vida
práctica de todos los días.
Bien, justamente, la falta de respeto por los derechos de propiedad, la
arbitrariedad en las reglas de juego y la falta de seguridad jurídica terminan
por destruir la confianza de la gente en el sistema económico y, ante el miedo a
lo que pueda venir, fugan sus escasos ahorros del mercado de capitales lejos de
las manos del Estado depredador. Si hoy la actividad de la construcción se está
frenando, las ventas de propiedades disminuyen su ritmo de crecimiento y no hay
ahorro disponible para créditos hipotecarios es, justamente, porque no hay
calidad institucional. Y una economía sin este respaldo no puede ofrecer una
solución concreta a los problemas de la gente.
Si se entiende lo anterior, se puede comprender fácilmente que los créditos
hipotecarios a tasas subsidiadas nunca podrán sustituir un mercado de capitales
sólido basado en la confianza de los ahorristas.
¿De dónde salen los fondos para financiar créditos a tasas menores que las de
mercado?
De los impuestos que puede cobrar el Estado o bien de las confiscaciones de
ahorros que hace. En el primer caso es un juego de suma cero. Le quito poder de
demanda a uno para transferírselo a otro, y cuando los recursos fiscales
comienzan a escasear como está ocurriendo ahora, los flujos disponibles para
ofrecer créditos a tasas menores que las de mercado comienzan a escasear.
En el segundo caso, la confiscación de ahorros, como ocurrió con el caso de
las AFJP, no sólo agrava el problema institucional y la disponibilidad de
ahorro, sino que, además, el Estado sólo tiene para repartir créditos
hipotecarios limitado al escaso stock de ahorros confiscados.
El crédito hipotecario pasa a ser cada vez más escaso y el reparto de un bien
escaso y artificialmente barato tiene que distribuirse bajo algún criterio,
porque de lo contrario la demanda crece. ¿Con qué criterios se distribuye el
escaso crédito hipotecario artificialmente barato frente a una demanda que lo
supera de manera amplia?
Para tener una idea de lo reducido del actual mercado de créditos
hipotecarios veamos los siguientes datos. En 2000, el stock de créditos
hipotecarios estaba en el orden de los US$ 16.000 millones. El actual llega a
sólo US$ 5400 millones. Una tercera parte del stock de 2000. ¿Es válida esta
comparación en dólares? Sí, porque el actual tipo de cambio real (descontada la
inflación del tipo de cambio nominal) determina que hoy el tipo de cambio real
sea casi igual al de la convertibilidad; por lo tanto, los pocos millones de
pesos que el Estado pueda lanzar al mercado para financiar créditos hipotecarios
difícilmente logren mover el amperímetro a la hora de comprar viviendas con
hipotecas.
Por el lado de la demanda, también veo complicado que los sectores de menores
ingresos puedan acceder a los créditos hipotecarios, aun subsidiados. Es que el
aumento en la tasa de desocupación, la caída del ingreso real y la incertidumbre
sobre su futuro laboral hacen que la gente postergue decisiones de consumo y,
particularmente, de endeudamiento de estas características.
En síntesis, mi impresión es que el mercado continuará moviéndose,
básicamente, por operaciones de contado, y muchas de ellas seguramente se
originarán en una de las alternativas que encontrará la gente para volcar sus
ahorros lejos de las manos del Estado, el que, en épocas de estrechez fiscal,
suele ir por los activos líquidos.
Roberto Cachanosky, 31 de enero de 2009
Publicado en La Nación