Los precios se mantienen estables en propiedades de alta gama, pero se aceptan
contraofertas de hasta un 15% en otros segmentos más estándar. A la hora de
concretar una operación, los compradores tratan de defender sus dólares,
mientras que los que venden hacen valer las bondades de sus unidades. Opinión
del analista político Rosendo Fraga y su visión del sector en plena batalla
electoral
La batalla electoral comenzó con intensidad. ¿Impacta esto en la vida de los
argentinos, a la hora de las decisiones que se relacionan con el sector
inmobiliario? Según los players, todo parece indicar que más que la
incertidumbre política, lo que más le preocupa a la gente es la falta de
estabilidad económica.
Mariano Oppel, presidente de Oppel Propiedades, hace su análisis: "Hace no
mucho el mercado carecía de buenas propuestas, teníamos poca oferta por haber
tenido años de mucha demanda, por eso a los compradores les costaba encontrar lo
que querían. Hoy hay muchos y buenos proyectos, y al estar menos demandados, eso
posibilita la compra en mejores condiciones, ya que los propietarios están más
permeables a aceptar ofertas que hubieran rechazado poco tiempo atrás. Por eso,
creo que éste es momento de entrar, justo cuando la mayoría quiere salir. Es
preferible vender más barato que no vender, y de paso aprovechar alguna
oportunidad de compra o de negocio. Por otro lado, si bien las estadísticas
marcan que en enero de este año se autorizó la mitad de las escrituras (7177),
si se compara con enero de 2008 (11.118), el promedio de los tres primeros meses
de 2009 (5275) es sutilmente superior al de 2008 (4783). Siempre las cosas
dependen del prisma con el que se miran".
Oppel agrega: "Sin embargo, hay que destacar que hay menos consultas y sólo
se vende lo que realmente está en un precio competitivo. Muchos compradores
creen que más adelante podrán adquirir en mejores circunstancias y esperan. Yo
creo que es un error, ya que cuando los precios están muy bajos muchas viviendas
buenas no se venden. Lo importante no es comprar en el piso de precios, ya que
comprando camino al piso, se tiene la tranquilidad no sólo de tener a salvo el
dinero, ya que será la única manera de mantener su capacidad de compra, sino que
seguramente cuando se revierta la tendencia valdrá más. Mientras tanto se
disfruta o se obtiene una renta muy atractiva". Ejemplifica: "Hace 19 años un
muy buen departamento de un dormitorio en la mejor zona de Belgrano se pagó
40.000 dólares (Arcos al 1500, piso 8º), hoy cuesta no menos de US$ 120.000.
Vale más el inmueble ¿El dólar vale menos? ¿O ambas?
Según Miguel Risso, titular de M. Risso: "El mercado inmobiliario se muestra
incierto por la crisis actual, agravado por las próximas elecciones. El momento
amerita que haya que analizar cada caso y bajar los valores según las zonas. Una
medida es no esperar por ofertas muy por debajo del valor propuesto, porque le
quita seriedad. Hay que destacar que una transacción inmobiliaria exige asesorar
en temas impositivos, notariales y legales a cada una de las partes por las
nuevas medidas que los organismos informan, así como reflejar con absoluta
honestidad el real valor del mercado, por ser tan variable en los últimos
meses".
Para el desarrollador Issel Kiperszmid, presidente de Dypsa: "Existe una
importante demanda insatisfecha que no tiene acceso a la vivienda, además de que
hay otro tipo de comprador, el del mercado premium, que quedará reducido en un
futuro no muy lejano, ya que habrá menos proyectos de alta gama. A la vez hay
que considerar que en la Argentina el mercado premium está acotado. Si se
analiza con detenimiento, Puerto Madero tiene hoy 8000 habitantes. Dentro de muy
pocos años, cuando finalicen todas las obras, en el barrio más joven y cotizado
de Buenos Aires habrá sólo 15.000 personas. Hay que entender que el mercado de
Real Estate se mueve por capitales y el nuevo modelo de negocios que se viene es
a través de los fondos de inversión. Los precios del segmento premium no bajarán
y ante la falta de nuevas propuestas el mercado se achicará; las unidades en
stock se sobrevaluarán".
Otro desarrollador, Jaime Garbarsky, presidente de Ecipsa, aporta su opinión:
"Después de una gran movilidad que tuvo en el período de 2001 a 2007, llegó el
momento de repensar el mercado, ya que en la buena época los desarrolladores no
generamos un sistema de trabajo a largo plazo, sino que se comercializaban las
obras que se construían sin ningún plan a cinco, diez o veinte años. El
verdadero motor del Real Estate argentino debe ser el crédito hipotecario, ya
que hay un mercado doméstico interesante y grande a la vez. Esta es la gran
deuda de los principales desarrolladores y de las cámaras empresariales del
sector. En nuestro caso, que somos del interior, durante mucho tiempo fue un
mercado sojadependiente, lo cual hacía que el mayor porcentaje de ventas se
diera por la presencia de liquidez; ahora, la situación cambió y hay que
reformular la estrategia de negocio y de desarrollo. Lo que hay que comprender
es que el mercado local se mueve por expectativas; por ende, las medidas
económicas y políticas que se toman influyen directamente, de manera positiva o
negativa".
Por su parte, Aníbal Montes, titular de RGMontes, comenta: "En general, el
mercado se advierte incierto, pero hemos recibido pedidos de inversiones con
renta (por ejemplo, oficinas y locales), así como interesados en adquirir
terrenos activos. El comprador genuino compra si calza su operación en forma
simultánea o encuentra propiedades retrasadas. Las elecciones adelantadas no
modifican la tendencia. El mercado necesita confianza en la economía y su
futuro; si el panorama se clarifica, comenzará una etapa de mayor actividad".
Carlos Puente, titular de Puente Propiedades, advierte: "Una lenta, pero
auspiciosa recuperación de la actividad, que, de la mano de mayor movimiento en
las guardias y por teléfono, se reflejará en un moderado aumento en el cierre de
las operaciones". Como siempre ocurre en momentos electorales, en el mercado es
necesario aplicar la prudencia. Al margen del tema político, siempre presente en
las charlas previas a cada operación, dos constantes sobresalen hoy en este
contexto: propietarios ciertamente decididos a mantener los precios solicitados
y compradores dispuestos a defender sus dólares. A la hora de tomar una
decisión, las unidades chicas y los PH son otra vez las estrellas del mercado
con precios, que se sostuvieron entre US$ 60.000 y 110.000, y donde el margen de
negociación está entre el 5% y el 8%. Un símbolo del refugio en metros cuadrados
se manifiesta en una inédita oferta de alquileres, que creció un 50% tomando
como parámetro el período enero/febrero de 2008 y que hoy cuenta con alrededor
de 12.000 unidades en oferta, en las que el propietario muestra buena
predisposición a la hora de negociar su contrato con un buen inquilino."
Hernán Siwacki, de Gama Propiedades, comenta: "El mercado está en una especie
de pulseada, los compradores hacen valer sus dólares, con un cambio que desde
enero a la fecha subió casi un 25%, salen a comprar con contraofertas fuertes.
El que cuenta con una buena propiedad la defiende, y el que compra trata de
bajar el precio más de lo que se acepta en general.
No hay duda que la propiedad sigue siendo la inversión más segura y rentable,
en épocas de temblores financieros y de elecciones próximas. La incertidumbre
del inversor es en qué puede invertir. Allí surge la respuesta del ladrillo, que
está vigente hoy más que nunca. El usuario que necesita mudarse, si tiene más
incertidumbre y por ello prefiere esperar resultados de elecciones o ver el
panomara más claro para poder realizar su operación más seguro y tranquilo. La
expectativa es buena, siempre y cuando nuestros gobernantes tomen las decisiones
acertadas y el contexto mundial se vaya recuperando, no tengo dudas que
seguiremos haciendo buenos negocios.
Adriana B. Anzillott, 16 de mayo de 2009
Publicado en La Nación
Que el mercado inmobiliario sea sensible a recesión global es casi
inevitable: se trata de la primera crisis de la economía mundial, cuyo detonante
fue este sector, a raíz del problema de las hipotecas subprime.
Por esta razón, es lógico que los precios de este tipo de bienes hayan caído
en todo el mundo en los últimos meses. También es cierto que esta crisis ha
dejado heridas profundas en el sistema financiero y todos sus derivados, y ha
aumentado la sensación, percepción o convicción de que los bienes reales son
inversiones más seguras.
Es decir que los precios inmobiliarios en todo el mundo se encuentran bajo
una doble presión: haber sido el detonante de la crisis juega a la baja, pero
ser una inversión más segura que la financiera opera para la suba. Puede, en
consecuencia, plantearse como hipótesis que cuando retorne la confianza estarán
entre los más beneficiados del cambio de humor, antes que los papeles en sus
diversas versiones.
Pero en el caso argentino, a los efectos de la crisis global, se suma uno
local: la incertidumbre que genera el proceso electoral sobre la economía.
En mi opinión, en un promedio, la Argentina no enfrenta hoy con la recesión
una situación muy diferente de la del resto del mundo. Lo que es particular es
el proceso político. La primera sorpresa fue el cambio de reglas de juego que
implicó adelantar las elecciones legislativas de octubre a junio. El argumento
para hacerlo fue reducir la incertidumbre económica que significaba realizar las
elecciones en un momento de dificultades, como se prevé será el segundo semestre
de 2009.
La cuestión es que la decisión adoptada ha generado una incertidumbre mucho
mayor: cuál será la gobernabilidad del país en los próximos dos años y medio,
con un gobierno políticamente más débil y una economía más difícil.
El discurso de campaña del matrimonio Kirchner viene planteando que caos,
explosión, estallido, corralito y pérdida de la estabilidad democrática serán la
consecuencia de su derrota no ha hecho más que aumentar la incertidumbre, lo que
inevitablemente lleva a postergar las decisiones económicas. Es que el
oficialismo perderá terreno en el interior, pudiendo incluso salir tercero en
provincias como Córdoba y Santa Fe; perderá senadores y diputados nacionales,
poniendo en riesgo sus mayorías parlamentarias, y perderá unos 10 puntos en la
decisiva provincia de Buenos Aires, donde incluso puede quedar sin el control de
alguna de las dos cámaras de la Legislatura provincial.
Esto en cualquier país es considerado una derrota electoral. Con habilidad
táctica, el ex presidente Kirchner ha logrado hasta ahora imponer la
interpretación de que ganar o perder por un voto la provincia de Buenos Aires
equivale a ganar o perder la elección.
El problema es que aunque Kirchner gane en la provincia por ser la primera
minoría, al estar dividida la oposición, el oficialismo saldrá igual más débil
por las circunstancias antes mencionadas.
A ello se agrega que la personalidad del ex presidente hace que cuando más se
debilita asume actitudes más agresivas tanto en lo político como en lo
económico.
En este contexto, la política no ayudará demasiado en los próximos meses a
que el mercado inmobiliario local mejore mucho. Pero no hay que olvidar que
cuando el humor se revierta, probablemente será de los primeros en beneficiarse.
Por Rosendo Fraga para La Nación
Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría