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Firme regreso de un clásico

El Café de Los Angelitos, en Rivadavia y Rincón, recuperará el esplendor de otras épocas.

Maqueta
La maqueta de cómo quedará el local cuando se hayan terminado las refacciones.

Si los plazos se cumplen y gracias a una inversión superior al millón de dólares, el otoño próximo el Café de los Angelitos abrirá nuevamente sus puertas en su viejo aunque reconstruido local de Rivadavia y Rincón, en el barrio de Balvanera. Como sucedió hace un tiempo con la confitería Las Violetas, Buenos Aires recuperará uno de los símbolos de su porteñidad, quizás el más renombrado, ya que se trata del único bar de la ciudad homenajeado por un tango compuesto nada menos que por José Razzano y Cátulo Castillo y que inmortalizó la orquesta de Aníbal Troilo, con la voz de Alberto Marino.

Cuando reabra será el segundo café más viejo de la ciudad, sólo superado por el Tortoni. El mérito de recuperarlo es de un grupo de empresarios gastronómicos argentinos y españoles -algunos de los cuales participaron en el rescate de Las Violetas-, quienes adquirieron el inmueble en enero último. "La realización de este proyecto fue posible por el encuentro de varios socios impulsados no sólo por la posibilidad de hacer un negocio rentable, sino por el desafío de recuperar algo que tiene que ver con la historia y con la memoria colectiva de la ciudad", dijo Fernando Piñera, uno de los socios de Rivacón, la sociedad formada expresamente para este emprendimiento.

"No fue muy difícil encontrar empresarios gastronómicos que creyeran en este proyecto, a pesar de la situación del país", contó Rafael Pereira Aragón, de Aragón Varela, la firma que intervino en la comercialización del legendario café. "Somos conscientes de que estamos haciendo una inversión muy importante en un momento verdaderamente crítico", expresó Elba Ferreiro, también integrante de la empresa propietaria, que añadió que la recuperación de la inversión, teniendo en cuenta el momento recesivo, será a largo plazo, no menos de diez o quince años.

La obra a toda marcha
La obra a toda marcha, en ese conocido rincón porteño.

Con sabor porteño

La obra lleva ya más de treinta días de ejecución; se terminó de demoler el viejo edificio y se está en la etapa de excavación y submuración. La reconstrucción, a cargo del Estudio Falcón, buscará preservar el estilo y el carácter del antiguo café. "Con un estilo remozado, sin modificar la estructura de los planos originales, intentaremos crear una atmósfera porteña."

En la planta baja y con ingreso jerarquizado por la ochava, según detalló Grosse, se ubicará el café, que tendrá una barra y que estará unido al salón comedor por un espacio que según la necesidad funcionará como bar o como ocasional pista de baile. Sobre la barra se instalará un palco para músicos solistas, en el lugar que en los antiguos cafés ocupaba la vitrolera.

Excavadoras, donde se reconstruirá un sitio para el encuentro.

El nuevo Café de Los Angelitos no se limitará a las actividades gastronómicas. "Brindará shows de tango, para lo cual se construirá un escenario, equipado para espectáculos, proyección de películas y transmición de TV y radio", explicó Grosse. El subsuelo albergará un museo de tradiciones porteñas y de música ciudadana, con un espacio dedicado a la historia del café. Habrá, por último, una academia de tango y se dictarán conferencias culturales." Se bailará tango auténtico, no para los turistas -expresó Piñera-. En fin, es una propuesta comercial con identidad nacional, precios accesibles y típicas comidas de Buenos Aires. La idea es que quien venga, tenga ganas de volver".

Una historia porteña que abarca más de un siglo

El refugio tanguero en una zona clave

El Café de los Angelitos fue fundado en 1890, en la misma esquina de Rivadavia y Rincón donde seguirá funcionando, por el comerciante italiano Batista Fazio. El barrio era entonces un sitio casi de extramuros, frecuentado por gente de mala vida y, en sus inicios, el bar fue un galpón con piso de tierra y billares.

Nació con el nombre de Bar Rivadavia y, al parecer, su nombre definitivo se originó precisamente por la gran cantidad de delincuentes y malandras que lo visitaban. Eso al menos sugiere Jorge Bossio en su libro Los cafés de Buenos Aires, cuando relata que, a principios de siglo, un comisario de Balvanera proponía por las noches a su tropa: "Vamos, muchachos, a ver si nadie se salió de la vaina en el café de los angelitos".

Aunque también pudo tomar su nombre de los angelitos de yeso con que los decoró su segundo propietario, Angel Salgueiro, un comerciante gallego que lo compró en 1919.

Entusiasmo y ritmo a la hora de rescatar el pasado.

Cualquiera que haya sido el origen del nombre, pronto el lugar cobijó payadores de la talla de Gabino Ezeiza, Higinio Cazón y José Betinotti. Y se convirtió en lugar de encuentro de artistas, políticos y escritores. Por sus mesas pasaron Florencio Parravicini, Roberto Casaux, Juan B. Justo, José Ingeniero y Alfredo Palacios. Además, naturalmente, de Carlos Gardel y José Razzano, que más de una vez actuaron en el local.

Su estratégica ubicación en un barrio tradicional y a poco más de 100 metros del mercado Spinetto -donde hoy funciona el shopping del mismo nombre- convietió al Café de los Angelitos en un renombreado refugio de tangueros, frecuentado por parroquianos como Julio De Caro o Aníbal Troilo. Sin embargo, esta condición no fue suficiente para salvarlo de la decadencia, y en diciembre de 1966 cerró sus puertas. Tiempo después reabrió convertido en una Munich, pero ya nunca más sería el mismo.

 

María de Vedia, 15 de Octubre de 2001

Publicado en La Nación

 

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