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Exc. dep. 3 amb. bcón. tza. toil .vta pan. coch.... Aunque suene a clave
secreta y no a clasificado, encriptada en esa trama de letras pequeñas y
palabras abreviadas puede estar la casa de los sueños de muchos. Para el
comprador es cuestión de abrir el diario, descodificar el aviso, llamar a la
inmobiliaria y lanzarse a la aventura de recorrer decenas de propiedades hasta
dar con la vivienda imaginada.
Pero, a veces, todo se desarrolla como una búsqueda del tesoro. La
experiencia puede durar días, meses o quizá años, e incluye una variedad de
emociones intensas, porque detrás de cada puerta hay un pasaje directo a la
ilusión y, en grandes ocasiones, al desencanto. O "es muy cara", "está
destruida", "los cuartos son chicos", "le falta luz natural", "la distribución
es pésima"... ¿Por qué es tan difícil dar con una casa o un departamento a la
medida de las aspiraciones?
Para algunos clientes, el problema no es el mercado, sino los avisos, que no
siempre describen la realidad de la oferta. En ese sentido, los operadores del
sector sostienen que últimamente los compradores están muy exigentes. "Pensé que
la búsqueda sería fácil, no me la imaginaba así", cuenta Hernando, un arquitecto
que después de vivir en Suiza volvió al país con su mujer. Desde hace tres meses
rastrea lo que le resulta inhallable: un departamento de tres ambientes en
Barrio Norte, con toilette, lavadero y de 65 metros cuadrados, una tipología
poco frecuente. Como pronto serán padres, decidieron dejar el dos ambientes de
Parque Centenario para mudarse cerca del trabajo y la familia de ambos, que
ayudará en la logística diseñada para atender a la criatura. "Salíamos sábado y
domingo, a muerte. Un sábado llegamos a ver nueve departamentos. El domingo
terminábamos frustrados. Al final consulté en una inmobiliaria, porque la
búsqueda se estaba complicando. Todos los tres ambientes eran impresentables o
carísimos, porque hoy cualquier propiedad se tasa en 2100 dólares el m2, y a
veces no los vale", agrega. Hernando y su esposa recorrieron edificios a
estrenar y usados... ¡Qué decepción ver cómo viven los otros! "Entrás y decís:
no me veo viviendo acá. Eso desmotiva. Hay mucho azulejo decorado, cerámicas de
los años 80, lo que obliga a reciclar; es decir, invertir más dinero y 30 días
de obra. En las nuevas, los dormitorios son de 2,20 por 2,10 metros, muy
chiquitos. Además, veo pisos flotantes y materiales dudosos; y ni mirar los
detalles de la terminación. Son departamentos para armar. Te dicen que te ponen
porcelanato, pero eso eleva el costo a 2600 dólares el metro cuadrado."
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Carteles, una opción para buscar |
La ilusión empieza en el aviso, pero la realidad se encargará de moderar las
expectativas. La falta de objetividad perjudica a unos y otros: el cliente
pierde tiempo y la inmobiliaria pone en riesgo su prestigio. Desde hace menos de
un año rige la ley 2340 que aplica el Colegio Unico de Corredores Inmobiliarios
de la Ciudad de Buenos Aires (Cucicba). Además de fiscalizar que las empresas de
la Capital Federal estén matriculadas, cuenta con un Tribunal de Etica
Profesional donde los compradores pueden dejar la queja. También la Cámara
Inmobiliaria Argentina recibe consultas. "Dentro de dos años, gracias a la ley,
estas quejas van a desaparecer. El mercado solo se va a depurar porque habrá más
control de calidad y personal capacitado", explica Jorge Toselli, de JT
Inmobiliaria. "Acá no ofrecemos cualquier propiedad. Si el que vende tiene la
casa sin conexión de gas, por ejemplo, no lo tomamos, porque lo elemental es el
estado del inmueble. Lo grave es publicar sin aclarar esas condiciones. Si la
vivienda es catastrófica, en el aviso se debe agregar para refaccionar; de lo
contrario, como inmobiliaria perdiste tu buena imagen. Por otro lado, la gente
se queja por quejarse. Está psicológica y económicamente mal, hoy vivimos en una
Argentina encrespada. Si quedás con el cliente en publicar un aviso martes,
jueves y sábado, y el diario se olvida de sacarlo el sábado ¡se arma un
escándalo! Pero también es cierto que hay colegas que no publican la verdad."
Para Leticia Firpo, de la inmobiliaria homónima, la mejor manera de evitar
decepciones y atajar quejas fue ampliar el servicio de su página Web, un filtro
que decanta los compradores reales de los que no lo son. "Subimos planos, mapa
de ubicación y fotos de cada ambiente de la vivienda. Eso le ahorra tiempo al
que busca y a la inmobiliaria le permite hacer una selección natural. Por
principio, no tomamos casas en mal estado o dudosas, no podemos publicar algo
que desmerezca la página, donde todas son propiedades impecables." Gracias a las
imágenes y a la ficha técnica, Ada y Valentín encontraron un departamento a su
medida. Vendieron su casa en Amsterdam con la intención de comprar otra grande
en Buenos Aires, para vivir y montar un Bed and Breakfast. Durante dos meses
vieron un promedio de cinco casas por día. Revisaron de pe a pa los clasificados
y caminaron los barrios mirando carteles. "Ya estábamos muy desilusionados. La
gente no tiene vergüenza. No tiene una línea de trabajo y, por otro lado, los
propietarios muestran su casa en condiciones lamentables. La viveza criolla nos
causó una gran decepción", cuenta Ada.
"Lo peor que nos pasó fue ver un PH en Palermo Viejo que lo habían publicado
como 100 m2, pero cuando llegamos era un galpón precario de 50 m2 y los otros 50
eran dos entrepisos improvisados en la estructura. La escalera temblaba cuando
subías. Salimos descompuestos." A punto de abandonar, entraron en el sitio de
Firpo y encontraron la casa que buscaban. Hicieron la cita y finalmente
compraron.
Armando Pepe, presidente del SOM, red a la que adhieren 485 inmobiliarias de
todo el país, afirma que el trabajo se profesionalizó gracias a un sistema
informático que impide al corredor subir una propiedad si ésta no cumple con los
requisitos de una ficha técnica en la que se deben consignar todos los datos,
desde la medida del living hasta la orientación del balcón. "Hay mucha
improvisación. Las empresas adheridas a este sistema, cuando vamos a mostrar una
propiedad, llevamos esa ficha técnica impresa que contiene la información exacta
y completa, cosa que al comprador no le queden dudas. Y si es oscuro, ponemos es
oscuro. Hace 20 años el mercado era peor. Felizmente, la actividad está cada vez
más jerarquizada gracias a que estamos colegiados; es decir, vamos hacia un
control de calidad más exhaustivo."
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La verdad, sólo in situ |
Marina Gambier, 23 de enero de 2010
Publicado en La Nación