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El Palacio Barolo, un templo ofrendado a Buenos Aires

Preferido por arquitectos, publicistas y diseñadores, el Palacio Barolo no sólo es una gran operación inmobiliaria de pisos de oficina sobre una de las avenidas más importante de la ciudad de Buenos Aires; también puede verse como una especie de manifiesto autocelebratorio de un inmigrante: Luis Barolo, un italiano que hizo fortuna en la próspera Argentina de fin de siglo y quiso trascender en estas tierras construyendo un edificio monumental que encargó a su paisano, el arquitecto Mario Palanti. Entre otros datos de excepción, la obra obtuvo, por única vez, la dispensa de las reglamentaciones particulares de la Avenida de Mayo y así superó en altura a los edificios de la época. Con ambición de rascacielos, como síntesis imaginario del progreso.

El Palacio Barolo

32 metros de frente por 42 de fondo y con salida a calles paralelas, Avenida de Mayo e Hipólito Irigoyen; entre ellas se trazó un pasaje peatonal con locales comerciales. La superficie cubierta de 16.630 m2 se distribuyó en 18 pisos y dos subsuelos. La estructura se hizo íntegramente en hormigón armado, una técnica sin precedentes en el país y una de las primeras en el mundo.

La variación de las dimensiones de los lotes, la eliminación del parcelamiento tradicional, la anulación de las restricciones a la altura, fueron los elementos más notorios de un discurso que exigió las herramientas necesarias para construir una nueva estética urbana. Palanti combinó todo eso con elementos decididamente modernos para la época: la estructura de hormigón, el uso de bow-windows, y el empleo de una planta tipo de oficinas, acorde con las necesidades de la circulación vertical. Esta conjugación, a la que Palanti quiso ver como la alternativa "latina" al programa del rascacielos moderno, serviría para organizar los mejores ejemplos de su producción urbana y se repetiría en el otro modelo de excepción: el Palacio Salvo de Montevideo, en la otra orilla del Río de La Plata.

Palanti concibió los dos edificios como "Columnas de Hércules" del Rio de La Plata, ubicados como hitos urbanos, monumentos excepcionales de Montevideo y Buenos Aires, que compiten en altura, pero al mismo tiempo intentan dialogar como "faros" a escala territorial del estuario.

La lectura de un arquitecto:

Carlos Hilger, arquitecto y profesor de la FADU/UBA señala: "Desde mediados del siglo XIX y gran parte de la primera mitad del siglo XX el revival del gótico engendró un vasto repertorio de formas y actitudes medievalistas. El espíritu gótico del arte unificado influyó en Morris, Taut, Behrens, Gropius y Wright, entre otros. Estas búsquedas metafísicas llevaron a los artistas a reunirse en hermandades espirituales como los prerrafaelistas en Inglaterra, los Arts and Crafts, la comunidad de Darm Stadt, la comunidad del desierto de Wright, la cadena de cristal de Taut, los Rosecroix de Péladan, la Bauhaus y la Fede Santa de Palanti. Pero la ilusión de transformar la vida y la sociedad mediante la arquitectura devino en un gótico inventado por la imaginación tardorromántica, que no era una resultante de la historiografía. Creían que los templos eran el resultado de la hermandad del hombre materializada por las fraternidades y sociedades secretas. Oriente, Islam, Gótico, India representaban lo irracional, lo dionisíaco para la cultura de principios de siglo.

En ese marco, se puso de moda proponer templos laicos que convocaran a la hermandad del hombre, a la fraternidad y al amor universal. Palanti, que se había formado en la Universidad de Brera, en Milán, bajo los estigmas de esta cultura, llegó a Buenos Aires en 1909. Trabajó con el arquitecto Prins en le proyecto de la "Facultad de Derecho", hoy sede de la Facultad de Ingeniería, en Las Heras y Azcuénaga. La diseñaron en estilo gótico, con forma de catedral cristiana, para homenajear la igualdad del hombre a través del Derecho. Palanti pertenecía a una logia medieval, la "Fede Santa", igual que Dante. Esta hermandad, que perdura hasta nuestros días, venera la figura de Dante como su "obispo" y difusor de la metáfora moralizante del Infierno, Purgatorio y Paraiso, que mostraba tres modos de ser de la humanidad: vicio, virtud, perfección. Según esta logia, los vicios y virtudes no son más que múltiples manifestaciones de amor, de la libido, del eros de Platón, con sus extravíos y debilidades que jalonan el camino del conocimiento sobre la esencia de las cosas y el engaño de las apariencias.

Con estas convicciones, Palanti vino a desarrollar un templo bajo la Cruz del Sur, un templo en el eje ascensional de las almas, celebrando el VI Centenario de la revelación de Dante. No tenía medios materiales para consturirlo; pero por alguna razón, después de algún tiempo en Buenos Aires, Palanti se encontró con Luis Barolo, un italiano que había llegado en 1890 y que instaló unos telares de tejido de punto con los que logró excelentes casimires. Ese fue el hombre que financió la construcción del Pasaje y le dio su apellido. El edificio es una maqueta ilustrada del cosmos, según la tradición de las catedrales góticas que fueron concebidas como el opus supremo de la albañilería de la Edad Media. El templo era la traducción en piedra de los Testamentos; debía ser capaz de enfrentar a los tiempos y a las multitudes para preservar el conocimiento. Cada elemento tenía que hacer alusión a un símbolo; por eso la puerta de la Catedral de París es una tabla de iniciación en la alquimia, la de Chartres un manual astrológico. Esto no era raro; en esa época Gaudí hizo la misma operación en La Sagrada Familia. También Rudolf Steiner, Vladimir Tatlin, E.L. Boullée construyeron edificios que representaban el cosmos. Y Terragni proyectó en la década del 30 el Danteum sobre el Foro Romano, estructurado de la misma forma que el Palacio Barolo de acuerdo con la forma y métrica de la cosmovisión de los reinos del más allá. Palanti dejó dicho que esto es un templo en las inscripciones del techo. La frase "Vt porter nonen elvs coran gentibus" (para que lleve su nombre ante los gentiles) hace referencia al templo de Salomón edificado en Jerusalén y que es modelo de toda construcción templaria para el cristianismo, el islam y los hebreos. También escribió allí Palanti: Fundata est supra firmam petram (está fundado sobre sólida piedra). El templo es la envoltura del nombre. Etimológicamente la palabra templo deriva de tallar. Los antiguos constructores eran talladores. "La piedra bruta ha de ser tallada". Piedra para los cristianos es Pedro, el fundamento de la Iglesia. "Sobre esta Piedra fundaré mi Iglesia" (San Mateo 1 6, 19).

Como la Divina Comedia:

El análisis de Hilger es minucioso: "El Barolo está construido en planta y secciones sobre la base de la sección aúrea y el número de oro, proporcuibes y medidas de origen sagrado. El Templo de Salomón había sido construído de acuerdo con este número dictado por Dios a David. Para Palanti el número estaba curado en La Divina Comedia (hay semejanzas entre el Danteum de Terragni y el Barolo en su métirca). La división general del edificio y del poema es ternaria: Infierno, Purgatorio y Cielo. El número de jerarquías infernales es el nueve; nueve son las bóvedas de acceso al edificio que representan pasos de iniciación, cada uno enumerado y descripto con frases en latín en casa bóveda. Las frases son del Testamento, de Ovidio, de Horacio, de Virgilio, de Palanti. Siete son las divisiones del Purgatorio y también las de la torre del Barolo, que lo representa. Palanti no representa los nueve cielos sino a través de la puerta, que es el faro de 300.000 bujías; sobre él la constelación de la Cruz del Ssur: la entrada de los cielos, que se la puede ver sobre el Barolo en los primeros días del mes de junio a las 19:30 alineadas con su eje. Cien son los cantos de La Divina Comedia, cien metros la altura del Pasaje. La mayoría de los cantos comprende once o veintidós estrofras; los pisos del edificio están divididos en once módulos por frente, veintidós módulos de oficinas por bloque; la altura es de veintidós pisos: catorce de basamento, siete de torre, un faro. Estos números representan símbolos sagrados. 22/7 es la expresión aproximativa en números enteros de la relación de la circunferencia con su diámetro; el conjunto de estos números representa el círculo, la figura más perfecta para Dante como para los pitagóricos. El número veintidós representa los símbolos de los movimientos elementales de la física aristotélica. Once representa a la Fede Santa y a los templarios. 99+1 es el total de nombres de Dios (cien cantos, cien metros). Dante murió en Ravena el 13 de setiembre de 1321. Pocos días antes había terminado los últimos versos del Paraíso, culminando La Comedia.

Barolo murió cerca de la fecha de inauguración del edificio. Palanti retornó a Italia y con el tiempo abandonó la arquitectura.

Edición Nº 257 Septiembre / Octubre de 2001

Publicado en revista "Propiedad Horizontal", de la Cámara Argentina de la Propiedad Horizontal y Actividades Inmobiliarias

 

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